miércoles, 29 de diciembre de 2010

El diario íntimo de Juan

Domingo 2 de Septiembre
Hoy nos levantamos muy temprano, mamá quería que estemos listos y arreglados para ir a misa y darle gracias a Dios por todo lo que nos da. Hasta quiso que me ponga corbata y todo. Yo le digo que sí a mamá, así esta contenta, yo quiero que ella esté contenta. Cuando estábamos subiendo al auto papá me da las llaves y me dice “ya tenés 17, sos un hombre, manejá”. Me sentí tan feliz, papá dándome la autorización para manejar. Igual se sentó en el copiloto mientras observaba detenidamente si yo hacía todo lo correcto. En cuanto llegamos a la Iglesia me hizo una sonrisa de aprobación, como que había pasado la prueba. Papá es muy exigente, el verdadero líder de la familia, y yo quiero que esté orgulloso de mi.
Cuando entramos a la iglesia y saludamos al Padre que estaba en la puerta recibiendo a los feligreses, encontramos a la familia Ruiz Díaz. Son conocidos de muchos años de mis padres y nos sentamos junto a ellos. Papá y el señor Ruiz Díaz conversaban de la creciente inseguridad de estos días y cómo hacía falta una buena mano dura para terminar con todo, mientras mamá y la señora Ruiz Díaz debatían a cerca de la mejor receta para prepara un Lemon Pie. Los Ruiz Díaz son una familia muy respetada y tradicional y por eso mis padres encuentran tan necesario hacer sociales con ellos. Yo estaba sentado junto a Lucía, la hija de ellos. Tiene 15 años y todos los chicos del colegio están calientes con ella, sin embargo ella no les hace caso a ninguno excepto a mí. Es muy linda y simpática pero por alguna razón no me interesa. Papá me dice que sea hombre y que la invite a salir, y lo haría pero no me vuelve loco hacerlo. Quizás debería, para que papá esté conforme, sobre todo porque nunca llevé ninguna novia a casa.


Miércoles 5 de Septiembre
Santiago es mi mejor amigo, me divierto mucho con él. Hoy me convenció de ratearno del colegio. Si mis padres se llegan a enterar me matarían pero la pasamos tan bien que no me importaría. Caminamos y conversamos mucho. Santiago es genial en todo lo que hace, le importa poco lo que la gente piense de él. Se pelea con profesores, dice lo que piensa (me gustaría ser más como él). Además es super fachero y las chicas se mueren por él. Me dice que no sea boludo y que me lance con Lucía: “No hace falta que te cases ni nada, acostate con ella y a otra cosa”. Pero creo que no sería capaz de hacerlo, especialmente porque Lucía no me gusta.
De repente se puso muy serio y me contó muchas cosas que le estaban pasando: problemas en su casa porque dijo que no quiere ser contador como su papá y su hermano, que estaba harto del colegio, de que siempre lo vean como una rata (eso me dolió mucho, me gustaría saber quiénes son los que le dicen “rata” y matarlos). También me confesó que tiene muchas ganas de irse de la ciudad, que le gustaría irse lejos donde nadie lo conociera. Fue completamente honesto conmigo.
Me encanta que sea honesto conmigo.


Viernes 7 de Septiembre
Llame a Lucía y la invite a salir. Mis padres se pusieron muy contentos, por primera vez salía con una chica y, encima, se trataba de una Ruiz Díaz. Papá me prestó el auto y me dio suficiente plata para que la lleve a algún lugar elegante para comer. Mamá me decía una y otra vez que sea caballero y la trate como una reina. No vaya a ser que surja algún problema, la relación de ambas familias estaban en juego. “Dios no lo permita” repetía todo el tiempo.
Primero fuimos al cine y vimos esa película malísima de una chica que se enamora de un vampiro. Me aburrí muchísimo pero ella salió encantada, tenía muchas ganas de ver la película porque había leído el libro. Me agradeció de haberla llevado a verla y me dio un beso en la mejilla que debería haberme provocado algo pero no sentí nada, simplemente le regalé la mejor sonrisa que podía.
Después fuimos a comer. Lucía habla mucho, de nada que realmente valga la pena destacar. Volvió a sacar el tema de la película que habíamos visto y de cómo le había gustado el libro, que lo había leído en un fin de semana. Le conté que algo parecido me había pasado con un libro de Murakami, pero cuando me dijo “¿qué Murakami?” decidí cambiar el rumbo de la conversación.
Cuando terminamos de comer la llevé hasta su casa, la acompañé hasta la puerta y sentí que tenía la obligación de besarla. Entonces lo hice y me sentí como un enorme iceberg vació de total sentimiento. Ella, sin embargo, me abrazó fuerte y me dijo que la llamara. Le dije que lo iba a hacer, aunque, en realidad, no quería verla más.
Cuando llegué a casa llamé a Santiago para contarle todo. La conversación se puede resumir así:
- La llevé al cine y después a comer.
- ¿Te acostaste con ella?
- No.
- Sos un boludo.


Domingo 9 de Septiembre
Mamá me despertó para ir a Misa. Le dije (mentí) que estaba muy descompuesto y que no me sentía bien para salir. Me dijo que no había problema, que me quedara en la cama. Cuando escuché el auto arrancar y alejarse me sentí en libertad. Me puse a leer un libro de Capote, que Santiago me había regalado, pero no me podía concentrar en la lectura, tenía muchas cosas en la cabeza. Sentía una terrible obligación de llamar a Lucía porque le había prometido que así lo iba a hacer. Me gustaría ser más decidido y hablar con ella y decirle que no me interesa. Pero ¿qué diría papá? ¿Qué pensaría de mí? No quiero causarle disgusto, ni a él ni a mamá. Además para ellos es muy importante tener una buena relación con los Ruiz Díaz ¿Y qué pensarían ellos de mí? Sería el infeliz que jugó con los sentimientos de su hija. Debería llamarla para invitarla a salir otra vez, pero preferiría llamar a Santiago. Veo por la ventana y parece que va a ser una hermosa tarde soleada y me encantaría disfrutarla con él.
Él sí me entiende, le importa como soy, no es hipócrita como todo el resto. Imaginaba escapándome con él, lejos de todo y de todos.
Hay tantas cosas que quisiera decirle, que siento.

Lunes 10 de Septiembre
Anoche me desperté de golpe a las tres de la madrugada y no me podía dormir. No dejaba de pensar en Santiago. En todo ÉL. Su sonrisa, sus ojos, su mechón de pelo que siempre le cae en la cara y él se tira hacia atrás. Quería que estuviese conmigo, acostado en mi cama a mi lado. Abrazarlo, besarlo… Casi sin darme cuenta mi mano ya estaba en mi pija y no me podía detener. Santiago. Santiago. Santiago. Santiago. Santiago…
Acabé con tanta fuerza que me dolía hasta el alma. Lloré mucho. Nunca me había sentido tan solo en mi vida. Mi pecho parece estallar en dudas, incertidumbre, bronca, tantos sentimientos y que no sé como curar. Si es que se curan.

Martes 11 de Septiembre
Llamé a Lucía igual. Esta tarde la voy a buscar al instituto de inglés y la voy a llevar a tomar helado. Quizás hasta me acueste con ella y todo si se me da la oportunidad. Lucia mi novia, Santiago mi mejor amigo, mi hermano. Esta bien que haga las cosas así, tengo que borrar todo lo que pasó la otra noche como si nunca hubiera pasado, por eso arranqué la hoja de lo que había escrito ayer y la destruí. Lo correcto es esto y no lo otro, como mamá y papá quiera. Dios no lo permita…

30 de mayo de 2010

3 comentarios:

  1. la "pija" casi al final no me la esperaba, muy shokeante...


    Buenísimo el cuento, y tanto mejor el blog. Mucha suerte con le nuevo emprendimiento.

    (Te amo!)

    ResponderEliminar
  2. Que interesante este diario... tampoco me esperaba la pija dando vueltas por ahí. Me gusta el blog, me gusta mucho!

    ResponderEliminar
  3. q bueno Clara... un gusto leerte. mi saludo

    ResponderEliminar